Nivelando la cancha

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La cancha del Parque Kelly será renovada con césped nuevo este año para que así no se inunde cada vez que llueve. La mejora es parte de un plan de renovación de $1.4 millones financiado en gran parte a tráves de donaciónes privados, el Distrito de Parques de Chicago y las Escuelas Públicas de Chicago. Foto cortesía por Emily Jan

[dropcap]E[/dropcap]n 1983, Wicker Park un espacio triangular de 4 acres a lo largo de la Avenida Damen, no tenía ninguna de las amenidades que hoy atraen a la gente—el complejo deportivo, el club de jardines, el parque para perros. Ese año, el Distrito de Parques de Chicago firmó un acuerdo con el Departamento de Justicia de EE.UU. con la promesa de que distribuiría los fondos de los parques de forma más equitativa por toda la ciudad. El gobierno federal había demandado al distrito por prodigar sus fondos en parques de áreas predominantemente blancas a expensas de aquellos en comunidades mayormente afroamericanas y latinas.

Antes del decreto de acuerdo, el parque, que se ubicaba en el entonces vecindario latino de clase trabajadora, no estaba recibiendo su parte justa. Tras el decreto de acuerdo, el parque recibió un complejo deportivo.

Seis años después, los funcionarios federales pusieron fin al decreto, satisfechos con el progreso de la ciudad. Ahora, los presupuestos del Distrito de Parques muestran que la raza ya no define si un parque contará con personal o programas. Los parques en distritos afroamericanos cuentan con más fondos para personal y mantenimiento que los de distritos blancos.

Ese es otro ejemplo de cómo el decreto fue un “gran éxito”, dice Erma Tranter, la ex presidenta del grupo de vigilancia Amigos de los Parques quien era un campeón en gastos equitativos en los parques locales antes de que el Departamento de Justicia interviniera.

En la actualidad, el color que determina quién recibe las más caras modernizaciones no es primordialmente el negro, blanco o café; es el verde. Más de los $500 millones invertidos en mejoras al Distrito de Parques desde el 2011, el año antes de que el Alcalde Rahm Emanuel fuera electo, fueron para tan sólo 10 de los 77 vecindarios de la ciudad—siete de los cuales son cada vez más blancos, afluentes y tienen acceso a fondos externos.

Los críticos dicen que los parques, uno de los servicios más básicos de la ciudad, han sido incautados por un sistema de pago por juego. Como otros proyectos de la ciudad, las mejoras a los parques dependen cada vez más de subsidios externos, de fondos capitales de la ciudad que son divididos por los concejales y de los distritos de financiamiento del incremento de impuestos, mejor conocidos como TIFs. Los impuestos generados de las mejoras en los distritos se reinvierten e las mismas áreas en lugar de ser incluidos en los fondos generales de la ciudad. Aunque fueron creados para impulsar la reurbanización de comunidades marginales, estos distritos tributarios especiales se pueden encontrar en áreas prósperas como el centro.

Si un vecindario no cuenta con fondos externos, es más difícil adquirir nuevos terrenos e instalaciones, como un complejo deportivo. Un puñado de comunidades latinas está sufriendo más a medida que la población sigue creciendo a un paso más rápido que la expansión de los parques. Cuatro de los cinco vecindarios identificados como “escasos en parques” por el Fondo de Tierras Públicas, una organización con sede en San Francisco que aboga por los espacios abiertos, estaban casi al final de la lista de inversiones capitales en años recientes, muestran los registros del Distrito de Parques.
Ésta es la primera parte de la historia. Lea el resto de la serie en las próximas ediciones de EXTRA.

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